Psicología de Masas en espacios abiertos: análisis del comportamiento, 2.

Centrémonos en esta segunda parte en respuestas multitudinarias que podrían llegar a darse. En concreto el Contagio Conductual (CC), como exponente altamente delicado en el afrontamiento de estos escenarios. Cuando ante la alarma o las señales de emergencia se producen las reacciones emocionales que pueden desencadenar el proceso de CC, con la consecuente aparición de comportamientos colectivamente caóticos, se pueden apreciar una serie de características en la multitud que pueden llegar a ser verdaderos mecanismos “preventivos” para la puesta en marcha de respuestas funcionales que reduzcan al máximo daños mayores:

  • Agitación motriz
  • Desconcierto e incertidumbre
  • Pérdida de razonamiento
  • Desorientación espacial
  • Pérdida de la noción del tiempo
  • Distorsión perceptiva
  • Alteraciones en la atención y en la voluntad
  • Conductas compulsivas
  • Sugestionabilidad ciega
  • Pérdida del sentido de la orientación
  • Desaparición de los controles sociales de la conducta
  • Alteración de la percepción social
  • Desencadenamiento de emociones (hiperemotividad)
  • Mayor nivel de sugestionabilidad: ante una autoridad fuerte, ante la irritación…

Son varios los modelos que han explicado este fenómeno de conducta colectiva: modelos psicológicos y modelos psicosociales. Los primeros se centran principalmente en factores emocionales y de activación; dentro de ellos se encuentra el fenómeno del CC. Se trata de procesos acelerados de interacción o de influencia interpersonal.

El contagio es la difusión del afecto o de la conducta de un participante de una multitud a otro integrante de la misma. Es un proceso de interacción humana por el que una persona influye en la otra y ésta, a su vez, en la primera. Así, en un proceso de escalada emocional, generada por comunicación verbal y no verbal en una situación normalmente de incertidumbre, se llega a una difusión de la emoción y a un incremento de la intensidad de la conducta. Se produce una secuencia de “reacción circular” que, en estos casos, si no se corta en sus fases iniciales, puede resultar caótica. Bajo este concepto de reacción circular se puede explicar el mecanismo fundamental por el que se produce la conducta colectiva.

Las estimulaciones repetitivas juegan un papel importante en la producción de homogeneidad en la muchedumbre. Así, enseguida se puede producir un “efecto de alud”. A medida que la estimulación aumenta, se intensifica la reacción de cada participante en ella y la respuesta de cada participante se convierte en un estímulo más intenso para los otros.

Habría que preguntarse si un determinado comportamiento corresponde a cierto tipo de emergencia, o a una fase especial de su desarrollo. Esto requeriría un análisis más pormenorizado sobre cada tipo de emergencia.

De modo general, se han identificado cinco fases sucesivas de conducta en el desarrollo de las catástrofes:

  • Fase de estado previo: define el estado anterior del grupo, permitiendo apreciar y destacar los factores que predisponen a los comportamientos inadaptados.
  • Fase de alerta: Es la que pone a la población en estado de preparación y de prever conductas de salvaguardia. Las señales de peligro (real o supuesto) pueden proceder de la percepción directa del acontecimiento o ser señaladas por mensajes verbales difundidos por responsables o por individuos del mismo público. Así, se crean actitudes de vigilancia y defensa. Sin embargo, se pueden, equivocadamente, propagar rumores en lugar de reducirlos e inducir corrientes de agitación ineficaces. En este momento existe también una tendencia a no creer en la inminencia del peligro y olvidarse de tomar las precauciones más elementales.
  • Fase de choque: es determinante; constituye una agresión al estado mental y físico de los individuos. Se tratará de interpretar las señales percibidas. Esta interpretación es a menudo subjetiva y se corre el riesgo de que sea errónea. Conduce a una evaluación de la importancia y de la probabilidad de los efectos del siniestro. Por otra parte, se consideran las medidas posibles y la probabilidad de sus resultados. Esta fase es crucial. Existen varios aspectos, presentes en el acontecimiento, que influyen en la interpretación:
  1. La negación del peligro, mecanismo por el que los niveles de ansiedad son reducidos. Puede presentar diversas formas. Se subestima o ignora la alerta. No obstante, cuando las señales de peligro se hacen muy evidentes, desaparece esa barrera y sobreviene un estado de extrema ansiedad.
  2. La afectividad constituye un sistema regulador de la conducta humana. El control insuficiente de ésta puede provocar un estado de emotividad que podría degenerar en pánico.
  3. La verificación de las informaciones, la búsqueda de informaciones complementarias, la evaluación de las respuestas posibles… son elementos que se engloban dentro de un comportamiento racional.
  4. El hábito y el entrenamiento son las disposiciones sobre las que se deben focalizar las actuaciones preventivas.

Teniendo en cuenta estas disposiciones, los individuos se movilizan a la acción, preparándose para dar respuestas motrices útiles, o bien tienen un efecto psíquico y motor paralizante, impidiendo la adopción de decisiones y provocando la inhibición.

  • Fase de reacción: surge de la fase de choque y de las disposiciones que ésta provoca. Aquí se pueden producir por interrupción en las acciones o planes de acción, manifestaciones de inhibición física, intelectual, desorientación, terror, búsqueda desesperada de protección y socorro y tendencia a reunirse y a imitar el primer modelo de acción que surja.

Se puede orientar a comportamientos racionales y útiles. Los sujetos son capaces de elegir una estrategia y de poner en marcha conductas aprendidas. También surgen conductas adecuadas si en el encuadramiento mantenido o establecido se dan rápidamente órdenes eficaces.

En definitiva, las respuestas o reacciones del público son de dos tipos: improvisadas o habituales, más o menos adaptadas.

  • Fase de resolución: es donde se vuelve a comportamientos normales (más activos después de la inhibición o más tranquilos después del pánico) y se restablece la capacidad intelectual de estimar la situación y adoptar decisiones lógicas. Se recuperan los valores morales y comportamientos de ayuda mutua y salvaguardia. Durante esta fase se observa a veces en las víctimas un movimiento colectivo de segunda convergencia, volviendo a los lugares de la catástrofe.

Es fundamental conocer esta trama en los procesos críticos para establecer unos mecanismos de intervención lo más operativos posibles. En un próximo acercamiento nos centraremos en las habilidades comunicativas para el afrontamiento óptimo.

 

Francisco Vílchez Lara

Psicólogo

Profesor de Seguridad y Protección