Psicología de Masas en espacios cerrados: análisis del comportamiento.

La conducta humana no solo tiene diferentes dimensiones de análisis (biológica, psicológica y social), sino que también está sometida a múltiples factores (cognitivos, afectivos, conductuales y ambientales), lo que hace que su análisis se complique y requiera de una metodología rigurosa dentro de las limitaciones de las ciencias sociales.

Vamos a intentar describir patrones de conducta en escenarios críticos, tanto a nivel individual como colectivo, de cara a racionalizar las acciones que desde el punto de vista de la intervención facilitarían la misma. Antes de nada, es conveniente recordar que la mayoría de la gente que se expone a estos escenarios aquejados de incertidumbre y premura tiende a reaccionar de manera adaptativa y colaborativa. A pesar de los efectos psicológicos que tiene un evento de alto estrés, como es el caso de evacuaciones de recintos cerrados, donde síntomas de confusión, nerviosismo, indefensión entre otros aparecen la mayoría de los afectados mantienen la calma y son capaces de responder adecuadamente a las demandas ambientales.

No obstante, quisiera aprovechar este espacio descriptivo para plantear comportamientos anómalos que podrían repercutir negativamente en la eficiencia del dispositivo de emergencias y evacuación. Mi objetivo es hacer consciente al personal interviniente de las características de estos comportamientos, individuales y colectivos, de cara a la detección precoz e implementación de acciones preventivas o, en su caso de respuesta inmediata y correctora. Lo normal es que estas alteraciones del comportamiento ocurran de manera individualizada y, en ocasiones muy específicas, lleguen a generalizarse; lo que implicaría una intervención muy costosa y de resultados impredecibles.

Las respuestas típicas en estos escenarios pasan por la aparición de patrones individuales de histeria, claustrofobia, depresión e incluso cuadros disociativos y de pánico. Esta sintomatología se acompañaría, a veces, de comportamientos autolesivos, agresivos y de falta de colaboración con los intervinientes. En el caso del comportamiento colectivo nos podemos encontrar con miedo o pánico generalizado, así como conmoción-inhibición colectiva que se acompañe de fenómenos de contagio mental y comportamientos de huida colectiva. Veámoslos por separado y contemplemos mecanismos concretos de actuación:

  1. Síntomas histéricos. Nos enfrentaríamos a afectados que presentan agitación (en casos excepcionales, parálisis), hipergesticulación (mover o frotar las manos, rascar, arañar o golpear cosas), verborrea (incluso hacer ruidos sin finalidad aparente, gritos o gestos amenazantes), resistencia al cuidado o protección; donde destacaría una enorme coloración en su piel que nos podría servir de detección inmediata. En estos casos, nuestra actuación requiere de una respuesta inmediata y contundente, donde la separación del resto de los afectados evitaría procesos de contagio. No es conveniente con este tipo de afectados entrar en comunicación de escucha activa ya que la persona está fuera de sí. Lo primero es acercarse al afectado con calma y tranquilidad (recordar que nunca por la espalda o por sorpresa y que movimientos bruscos por nuestra parte pueden ser muy mal interpretados), reduciendo la estimulación ambiental (sobre todo objetos contundentes) todo lo posible de cara a aplicar, en función de las condiciones del sujeto (edad, peso, sexo, salud física), una intervención como presionar muy ligeramente la parte del cuerpo que está agitada y pedirle a la persona dependiente con amabilidad que cese el movimiento, reduciendo el contacto progresivamente hasta que cese la agitación. Incluso si la persona tiene problemas de memoria y se olvida rápidamente, es posible distraerla, haciendo más difícil para ella recordar lo que le preocupaba. En casos extremos, una contingencia rápida (grito, reducción, bofetada…), que lo haga consciente de su estado de inadaptación no es una mala acción. Podría ocurrir que durante nuestra intervención, recibiéramos alguna agresión; lo que nos tiene que recordar continuamente que estas personas están fuera de sí y no hay voluntariedad alguna en sus ataques, por lo que el acto no tiene que tomarse a título personal. Una vez controlada la situación, estas personas suelen responder a las demandas que se les haga (colaborar, ayudar, colocar, custodiar…).
  2. Síntomas claustrofóbicos. La claustrofobia, es una fobia específica por la cual la persona reacciona con desesperación por miedo a ahogarse o sofocarse al quedar en el interior de un lugar cerrado que puede desatarse frente a cualquier espacio reducido como puede ser en ascensores, el metro, el tren, los aviones, los túneles o sótanos, los dispositivos diagnósticos como TAC o la Resonancia Magnética, las habitaciones pequeñas (baños), teatros, cines, auditorios, etc. En este caso los afectados presentan falta de aire, temor a morir asfixiado, taquicardia, sudoración, mareos, desesperación, palpitaciones, ahogos y opresión en el pecho, palidez, hipersudoración, angustia, ansiedad y expresiones faciales de miedo e incluso terror. En estos casos si es conveniente un acompañamiento (nunca, bajo ninguna circunstancia, dejarlos solos ya que podrían optar por reacciones incluso suicidas), donde la atención y escucha activa sean predominantes como intervinientes. En el caso que nos sea imposible atenderlos por otras prioridades, dejarlos siempre en “buena” compañía. No olvidemos que estos perfiles de afectados suelen reaccionar muy bien cuando se les encomiendan responsabilidades. Es aconsejable animar al afectado a realizar tareas mentales, tratar de resolver algún problema concreto de nuestra vida o planificar proyectos. Diseñar negocios futuros y generar estrategias para alcanzarlos, imaginar el próximo partido de fútbol que se va a jugar, idear una receta para agasajar a alguien, intentar solucionar problemas matemáticos o pensar en un cuento, forman parte de los temas “distractores” que se sugieren para pasar el rato hasta que se pueda llevar a cabo la evacuación. La respiración diafragmática, que consiste en inspirar profundamente, (empujando el diafragma hacia abajo) y exhalar lentamente, permite disminuir el ritmo cardíaco y respiratorio y restablecer la calma a nivel físico, primero, y luego a nivel emocional. Además, se evitan mareos y los síntomas propios de la ansiedad, como taquicardia, sensación de desmayo, de asfixia o falta de aire. El humor como herramienta es el mejor remedio para desdramatizar la situación y no desesperarse. Tener en cuenta que aunque el tiempo parezca interminable, la situación es pasajera y luego se convertirá en una anécdota que puede tener aspectos de resiliencia futuros.

 

Francisco Vílchez Lara

Psicólogo

Profesor de Seguridad y Protección

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