La delincuencia organizada en Alemania vinculada a los clanes familiares árabes. Pt. 1.

Alemania viene estando confrontada desde hace años con el problema de las actividades delictivas cometidas por determinados clanes familiares de origen árabe. Si bien el tráfico de drogas acapara buena parte de dichas actividades, existen otros ámbitos igual de importantes como son los delitos violentos, así como conductas intimidatorias frente a los órganos estatales en general y la población alemana en particular. La problemática en torno a la vinculación de determinados clanes familiares procedentes de países de Oriente Medio con el crimen organizado ha alcanzado en las últimas fechas un considerable eco mediático, social y político en el país germano, debido sobre todo a una serie de hechos espectaculares. Sin embargo, la vinculación de determinados clanes familiares con actividades delictivas de diversa índole no constituye desde luego un fenómeno novedoso en la realidad criminal germana. Efectivamente, en algunas ciudades del Land de Renania del Norte-Westfalia, las autoridades policiales y gubernativas han venido constatando en los últimos años de forma creciente cómo miembros de distintos clanes familiares de origen turco y árabe intimidan a la población a través de conductas agresivas, alteraciones del orden y actos delictivos. Además, estos sujetos intentan de forma manifiesta reclamar para sí concretas zonas de la ciudad, lo que ha dado lugar a que determinados barrios de algunas ciudades alemanas se califiquen ya sin ambages como no-go-areas.

Por otro lado, la persecución policial y condena judicial de los miembros de estos clanes familiares se ve dificultada por la siguiente circunstancia: La mayoría de estos clanes han creado una subcultura, una especie de sociedad paralela, con un ordenamiento jurídico propio y unos valores internos. Estas familias viven aisladas, física y socialmente, siendo por tanto prácticamente imposible la influencia exterior. Los miembros de estos clanes miran al Estado alemán con absoluta burla y desprecio, mofándose de la policía y la justicia al considerarlas demasiado blandas. Por todo lo explicado, los clanes familiares se han fortalecido hasta llegar a ser lo que actualmente son: un peligro manifiesto para la seguridad interior, así como para los valores vigentes en Alemania.

El objetivo del siguiente trabajo es realizar un análisis criminológico y jurídico de la problemática de los clanes familiares árabes en Alemania y su vinculación con el crimen organizado. Para ello, en la primera parte del trabajo se va a describir brevemente la composición de estos clanes, su ubicación geográfica y sus características socioculturales. Además, se analizarán las distintas actividades delictivas con las que vienen estando confrontados desde hace años. Posteriormente, en la segunda parte del trabajo se analizarán las dificultades en la persecución policial y judicial, así como las medidas que se han adoptado en las últimas fechas en Alemania para afrontar el fenómeno. No cabe duda de que el análisis de la criminalidad de clanes en Alemania puede aportar elementos de indudable interés de cara a luchar contra el fenómeno de la criminalidad organizada en España, sobre todo en determinadas zonas del territorio donde, como se sabe, actividades como el tráfico de drogas se encuentran en manos de determinados grupos fuertemente cohesionados por elementos étnicos, nacionales, e incluso familiares.

Los grupos a los que aquí se está haciendo referencia son a menudo denominados como «clanes libaneses». Sin embargo, ello no es del todo correcto ya que la composición etnográfica es más bien de carácter heterogéneo; encontrándose también clanes formados por sujetos procedentes de Palestina, Siria o incluso Turquía. La Oficina de Investigación Criminal del Land de Renania del Norte-Westfalia ha desarrollado un concepto de «criminalidad de clanes» a partir de la definición policialmente asentada en Alemania de lo que constituye, en general, la criminalidad organizada:

«El concepto de criminalidad de clanes abarca la comisión de delitos con la implicación de varios sujetos y con la determinación de conseguir un lucro económico o bien un ámbito de poder. Además, (1) en la comisión delictiva se incluye conscientemente el origen común familiar o étnico como un componente de unión destinado a fomentar la actuación delictiva o bien a impedir el esclarecimiento del delito; (2) la comisión del delito viene marcada por una ausencia de aceptación del ordenamiento jurídico y del sistema de valores vigentes en Alemania; (3) los delitos cometidos, bien cada uno de ellos, bien en su conjunto, resultan de especial gravedad».

Lógicamente, resulta en este punto necesario destacar el hecho de que, dentro de aquellas familias que pueden ser consideradas como problemáticas, no todos sus miembros cometen actos delictivos. Además, existen también familias que en principio cumplen con buena parte de las características socio-demográficas de los clanes que aquí se estudian, pero que sin embargo llevan una vida alejada del delito. Ahora bien, aun teniendo en cuenta que no todos los miembros de un determinado clan se involucran en actividades delictivas, todos aquellos que de una u otra manera pertenecen al clan están obligados, por pura solidaridad familiar, a mostrarse discretos y reservados de cara al exterior. Este hecho constituye una de las causas por las que, solo en contadas ocasiones, los miembros de un clan facilitan información a las autoridades estatales.

La mayoría de las familias de origen árabe que en el contexto actual están relacionadas con la criminalidad de clanes se encuentran asentadas sobre todo en Berlín, Bremen, así como en distintas ciudades situadas en los Länder de Renania del Norte-Westfalia y Baja Sajonia. En todos los casos, los asentamientos de estos clanes se ubican en aquellos barrios con un amplio porcentaje de población extranjera, sobre todo aquella procedente de países de mayoría musulmana. En este sentido, la asignación de todas estas familias a suburbios situados en las grandes ciudades alemanas durante las décadas de 1980 y 1990, unido a la imposición de restricciones en determinados derechos sociales y personales a los miembros de estos clanes, dada su condición de refugiados, condujo necesariamente a la consolidación de una subcultura con normas y valores propios, la cual se mantiene en la actualidad. La consecuencia de todo ello ha sido la formación de sociedades paralelas, fruto de esa segregación tanto étnica como social, donde la familia se convierte en el microcosmos al que acogerse por parte de todos sus miembros. Como se verá a continuación, esta sociedad paralela integrada por clanes familiares árabes presenta una serie de características tales como la endogamia, el patriarcado, el sentido del honor, el rechazo del ordenamiento autóctono o la ostentación; aspectos todos ellos que sin lugar a dudas fomentan la comisión de actividades delictivas.

La endogamia, la cual es practicada dentro de los propios clanes, fundamenta al mismo tiempo la fuerte cohesión y solidaridad entre los miembros de la familia. A través de bodas concertadas desde un punto de vista estratégico dentro de las propias estructuras de los clanes se intensifica la cohesión interna mediante relaciones de naturaleza familiar. Los roles de género son relativamente rígidos: el hombre es el sostén de la familia, el que decide, el protector del honor familiar y el que lleva el dinero a casa. La mujer, por su parte, es la encargada de las tareas del hogar, de la crianza y educación de los hijos y de velar por el mantenimiento del honor familiar.

De cara a fortalecer la estructura familiar, los distintos clanes árabes intentan alcanzar un alto índice de natalidad, por lo que no es extraño encontrar en Alemania familias con entre 8 y 10 hijos. Esta alta tasa de natalidad es indirectamente fomentada por el propio Estado alemán si se tiene en cuenta que, debido a que teóricamente se trata de familias sin recursos, las generosas prestaciones sociales suponen una importante fuente de ingresos para los clanes.

Por otro lado, el honor familiar se encuentra por encima de todo lo demás. Cualquier ataque a un miembro familiar es considerado como un ataque a la familia, al clan, en su conjunto. Esa comprensión del honor justifica toda clase de actos violentos, ya incluso delitos con resultado de muerte.

Importante es señalar también que la mayoría de los clanes familiares vinculados a la delincuencia rechazan el sistema de valores y normas vigentes en la sociedad alemana, trabajando activamente para socavarlo. Para ello utilizan las libertades democráticas con el objetivo de imponer un sistema paralelo de normas, valores e incluso de justicia, basado fundamentalmente en las estructuras tribales existentes en sus lugares de origen. En relación con lo señalado, los clanes familiares de origen árabe tienden a considerar al Estado y a la sociedad alemanas como un sistema del cual servirse en su propio beneficio. Al hilo de lo explicado, hay que señalar que la tasa de desempleo entre muchos clanes árabes residentes en Alemania oscila entre el 80 y el 90 por 100. Ello es debido fundamentalmente a que este colectivo se niega a aceptar una ocupación laborar en la que resulta necesario darse de alta. Como consecuencia de esta situación, sus miembros reciben del Estado una serie de prestaciones para su sustento, el pago del alquiler o la asistencia sanitaria. En el caso por ejemplo de una familia de ocho miembros, ello puede suponer unos ingresos mensuales superiores a los 4.000 euros. El problema fundamental es que estos clanes familiares consideran estas prestaciones sociales como una especie de sueldo vitalicio y no como una ayuda transitoria dirigida a facilitar la integración del beneficiario en el mercado laboral.

Por último, y en contraposición a estructuras de la mafia italiana asentada en Alemania, los clanes familiares árabes vinculados al crimen organizado cultivan de cara al exterior un modo de vida donde el lujo y la ostentación juegan un papel importante. No sólo en los espacios públicos –por ejemplo en bodas o bien durante el fin de semana en locales frecuentados por las clases más pudientes– fanfarronean con vehículos de alta gama, y ello en no pocas ocasiones mediante infracciones de tráfico. Además, miembros de estos clanes familiares (tanto hombres como mujeres) se presentan en las redes sociales de Internet haciendo gala de su riqueza. Con esta fanfarronería demuestran poder, pero al mismo tiempo su más absoluto desprecio por el Estado alemán y por todos aquellos/as que ganan su sueldo de forma honrada.

Los hijos menores de los clanes familiares árabes crecen en la mayoría de los casos sin control alguno en las mencionadas estructuras criminales. Es por ello que, ya desde edades muy tempranas, esos menores cometen también actos delictivos. Un apoyo y una educación de estos niños hacia una integración en la sociedad alemana son aspectos que están fuera de las posibilidades de estas familias. No cabe duda de que para aquellos jóvenes que no se han integrado en la sociedad alemana y que presentan un bajo nivel educativo, la delincuencia sirve como trampolín de cara a su asentamiento en la comunidad étnica y como vía de acceso a bienes materiales que, además, les reportan un determinado estatus.

Haciendo a continuación referencia a las actividades delictivas en las que se encuentran implicados no pocos miembros de los clanes familiares árabes, hay que hacer mención en primer lugar al tráfico con drogas ilegales, el cual sigue constituyendo un campo central de actuación. Así, los mayores beneficios económicos los obtienen los clanes árabes con esta actividad. En el caso, por ejemplo, de la ciudad de Berlín hay que constatar que la venta de drogas a pequeña escala, sobre todo en lo que respecta a la heroína y cocaína, se encuentra monopolizada por sujetos de origen libanés o bien pertenecientes a familias del mencionado país. Aparte del dominio del comercio callejero pueden constatarse también estructuras asentadas en relación al tráfico al por mayor y la introducción clandestina de drogas duras en territorio alemán, sobre todo cocaína procedente de Latinoamérica. Las grandes operaciones en este ámbito son coordinadas y llevadas a cabo en los más estrechos círculos familiares. Mención especial adquieren los contactos con países de Sudamérica como Brasil y Paraguay, debido entre otras cosas a la diáspora libanesa asentada en esa zona.

Con respecto a la distribución callejera de la droga, distintos informes policiales señalan que, en las últimas fechas, los clanes familiares están aprovechándose de la oleada de refugiados llegados a Alemania desde el año 2014 para reclutar a individuos con el objetivo de la venta al por menor. Debido a que los clanes los utilizan como meros subalternos en la venta de droga en la calle, los refugiados no tienen acceso alguno a los círculos internos de la organización, por lo que, en caso de detención, no pueden aportar a la policía información de relevancia sobre el clan.

Otro campo importante de actuación criminal de los clanes árabes se ubica en los delitos contra la propiedad y el patrimonio; y muy especialmente en los robos con fuerza y violencia. Así, el 20 de diciembre de 2014, miembros de un conocido clan familiar de origen árabe perpetraron un atraco a plena luz del día en los almacenes de lujo KaDeWe, situados en la ciudad de Berlín, consiguiendo un botín en joyas y relojes con un valor superior a los 800.000 euros. Uno de los robos más espectaculares de los últimos años en Alemania se llevó a cabo en el Museo Bode de Berlín el 27 de marzo del año 2017, donde miembros de otro clan familiar sustrajeron una moneda de oro con un peso cercano a los 100kg., conocida como «Big Maple Leaf», y con un valor cercano a los 3,7 millones de euros.

También dentro de la criminalidad patrimonial hay que destacar la extorsión, las estafas en general y muy especialmente la estafa de prestaciones sociales. Efectivamente, tal y como se indicó anteriormente, una de las características asociadas a los distintos clanes familiares de origen árabe asentados en Alemania es su dependencia de ayudas sociales, las cuales, en la mayoría de los casos, se siguen percibiendo de forma fraudulenta tras décadas de residencia en el país. Pues bien, en buena parte de los clanes familiares de origen árabe residentes en Alemania, resulta realmente sorprendente comprobar cómo el estilo de vida que estos clanes muestran al exterior, así como la permanente exposición de objetos de valor y artículos de lujo, no se encuentran en relación alguna con los ingresos que estas personas presentan a las autoridades fiscales. Además, y como corolario de lo que se acaba de explicar, esos bienes de los que hacen gala contradicen abiertamente los datos que los miembros de estos clanes familiares presentan a los servicios sociales de cara a obtener las consiguientes prestaciones.

Por otro lado, informes y análisis policiales señalan de forma clara que en determinados barrios de Berlín o de Bremen, así como en distintas ciudades del Land de Renania del Norte-Westfalia, algunos grupos de personas con un trasfondo migratorio y con numerosos miembros se dedican una y otra vez a intimidar a la población autóctona a través de conductas agresivas, alteraciones del orden y determinados delitos, reclamando para ellos el control y la utilización de las calles. En ocasiones, la comisión de estos delitos violentos se produce en el contexto del tráfico de drogas, ya sea para organizar la venta de droga en la calle, eliminar a competidores o bien abrir nuevos mercados. En otros casos, estos delitos violentos se producen en el contexto de disputas familiares entre distintos clanes, las cuales se desarrollan en espacios públicos y donde no resulta extraño la utilización de armas blancas o de fuego.

Como a nadie escapa, el conjunto de actividades ilícitas realizadas por los clanes familiares (tráfico de drogas, extorsión, trata de seres humanos, proxenetismo, robos con fuerza o violencia) ha dado lugar a que sus miembros hayan podido acumular importantes cantidades de dinero en metálico, por lo que lógicamente se plantean qué hacer con ese dinero procedente del crimen. Al respecto cabe decir que, en los últimos años, distintas investigaciones policiales han podido constatar cómo el botín acumulado se suele invertir tanto en Alemania como en sus países de origen, fundamentalmente el Líbano. En todos los casos el objetivo es trasladar al circuito económico legal aquel dinero obtenido en la comisión de delitos, es decir, conductas relacionadas directamente con el blanqueo de capitales.

En el caso de Alemania, los distintos clanes familiares destinan ese dinero ilícito principalmente a la compra bienes inmuebles, restaurantes, shisha-bars, cafés, discotecas, locales de apuestas, así como otras ideas de negocio de carácter legal, como por ejemplo el sector del automóvil de lujo. De este modo, ingresos tanto ilegales como «legales» se mezclan desde hace años de forma continua en el contexto de los clanes familiares, de tal manera que la investigación por parte de las autoridades alemanas se hace tremendamente complicada. Por si fuera poco, las autoridades alemanas poseen evidencias que indican que los miembros de los clanes familiares de origen turco y árabe están invirtiendo en el mercado inmobiliario nacional los beneficios económicos obtenidos mediante actividades ilegales. En el contexto descrito merece especial atención la compra de edificios en estado ruinoso, los cuales son ofrecidos por los clanes a familias rumanas y búlgaras, así como a refugiados llegados recientemente a Alemania.

Por otra parte, los clanes familiares suelen transferir importantes cantidades de dinero a sujetos residentes en el Líbano; dinero el cual regresa posteriormente a Alemania a través de sistemas de transacción informales como por ejemplo la hawala, o bien mediante intermediarios. En otros casos, ese dinero se invierte en el sector inmobiliario libanés, utilizando para ello a testaferros residentes en el país.

Como puede deducirse del análisis de las actividades delictivas que se ha realizado en los párrafos anteriores, la motivación principal para la consolidación y expansión de las estructuras familiares de origen árabe vinculadas al crimen organizado es sin duda el ánimo de lucro. Se trata de la constatación de un enriquecimiento mayúsculo que tiene como origen actividades tanto lícitas como, sobre todo, ilícitas.

 

Miguel Ángel Cano Paños

Profesor Titular de Derecho Penal y Criminología

Universidad de Granada

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