Un lugar llamado ciberespacio.

Me encontraba el otro día caminando por la calle, pensando en como iba a escribir el siguiente artículo que me habían pedido. En ese momento estaba pensando en redactar un texto sobre los delitos informáticos que más se producen, pero de pronto una buena amiga me escribió para mandarme el enlace de una cuenta de Instagram de unos padres que tenía una hija pequeña – de entre dos o tres años, con una extraña enfermedad – en la cual, solo subían fotos de la pequeña. Era su forma de reivindicar la enfermedad de su hija y que se hiciese conocer. O eso creo.

                Pero, dejando a un lado mi opinión personal sobre esa cuenta, durante mi pequeña investigación en ese perfil de Instagram, el maravilloso algoritmo de esta red social, comenzó a actuar. Me empezaron a salir en sugeridos nuevas cuentas relacionadas con la anterior y después de observar aquellas cuentas, decidí centrar mi artículo en las diferencias o similitudes existentes entre el mundo real en el que vivimos (analógico) y el ciberespacio (digital) y abordarlo desde el punto de mira de la ingeniería social, el phishing y la necesidad grandísima que existe en crear consciencia en este tema.

                Existe, en el mundo actual, una falta de educación sobre el ciberespacio. A medida que pasa el tiempo, las tecnologías nos llevan a puntos que jamás habíamos pensado que llegaríamos, pero como mencioné en mi anterior artículo “Ciberseguridad para un criminólogo” si no enseñamos a las personas a usar dichas novedades, los problemas que acontecerán serán desastrosos. Por este mismo problema, debemos crear conciencia de que el mundo informático (el ciberespacio) es un reflejo, o una extensión más, del mundo real. Debemos percatarnos que al igual que lo que ocurre en el mundo real nos repercute a nosotros mismo, todo aquello que ocurre en el ciberespacio, también nos repercute de la misma manera. Al igual que por las mañanas pasamos tiempo pensando en que ropa nos vamos a poner para que la gente vea lo que queremos transmitir, o al menos, que pretendemos transmitir; deberíamos gastar el mismo tiempo para decidir que queremos que el resto del mundo piense de nosotros cuando nos encuentren por las redes sociales. Este pensamiento lo entendí claramente leyendo uno de los libros, que, sin ningún tipo de publicidad, recomiendo seriamente leer, Mundo Orwell (Ángel Gómez de Ágreda) (1)

                Y no todo acaba aquí, además de determinar que información colgamos en internet sobre nosotros mismos para que las personas vean nuestra identidad virtual, debemos pensar en que toda esta información que publicamos, puede ser utilizada en nuestra contra y no solo por lo que puedan decir otros de nosotros (prejuicios, críticas, etc.), sino, por diversos delitos que pueden llegar a cometerse, llevados a cabo por algunos piratas informáticos con dichos datos.

                Un ejemplo claro es el último caso de robo de identidad en el que la actriz mexicana, Geraldine Bazán (2) se ha visto inmiscuida. Gracias a la información de redes sociales obtenidas por este delincuente (ingeniería social), pudo hacerse pasar por la actriz y pedirle a su compañía telefónica un duplicado de la tarjeta. Con esto el criminal intentaba obtener acceso a información de mayor valor, como las cuentas bancarias, contraseñas de redes sociales. Por suerte, pudo resolver el incidente y todo quedó en un susto sin más.

Y es que este tipo de delitos, el de conseguir un duplicado de nuestra tarjeta SIM (SIM Swapping), se ha puesto muy de moda últimamente, si no, que se lo pregunten al fundador de Twitter (3), a quien le hackearon su cuenta el pasado 30 de agosto.

Esta técnica se centra en la obtención de un duplicado de nuestra SIM y una vez conseguida, obtener toda información posible gracias a los números asociados a diversas cuentas (el ejemplo típico es el de nuestro correo electrónico que al crear una nueva cuenta nos pide nuestro número de teléfono para recuperar la cuenta en caso de que perdamos la contraseña).

Sin entrar en muchos más detalles sobre este método para obtener información, como dije al principio, no deberíamos pensar que existen diferencias entre lo que hacemos en el mundo real y lo que hacemos en el ciberespacio. Insto a que dediquemos al menos unos 20 segundos de reflexión cuando vayamos a subir alguna foto a nuestra cuenta de Instagram, un nuevo post a Facebook, o ya no solo a nuestras cuentas de redes sociales, sino, cuando vayamos a compartir información con otras personas.

El factor de anonimato que otorga internet a sus usuarios ha creado la falsa ilusión de que son inmunes a toda repercusión que pueda producir un post colgado en alguna página. Precisamente esta conciencia o mentalidad sobre el uso de las nuevas tecnologías es lo que tenemos que cambiar. Al igual que conocemos los riesgos de conducir una motocicleta sin casco, deberíamos conocer que riesgos existen al utilizar internet, que acciones debemos llevar a cabo para evitar estos riesgos, y en caso de que hayamos sido víctimas de alguno de estos delitos, qué debemos hacer a continuación. Y esta educación debemos comenzarla de inmediato, pues, ¿no son las nuevas generaciones las que se están criando con un móvil o una tableta bajo el brazo?, ¿no deberíamos enseñarles de qué manera deben usarlas para que en el futuro no tengan problemas? Y ya no solo me centro en los posibles delitos que puedan cometer gracias a la información obtenida, sino a problemas de otra índole, por ejemplo, el caso ocurrido en Palma de Mallorca el pasado año 2018, donde un trabajador fue despedido por publicar en su cuenta de Facebook, según el Juez titular del Juzgado de los Social número 2 “fotos de mal gusto” (4). O el caso más reciente ocurrido en Hong-Kong, que despidieron a una empleada de una compañía aérea por publicar en su página personal de Facebook que estaba a favor de las protestas sindicales (5). Aunque este último despido puede verse influenciado más por otras variables que por el simple hecho publicar su apoyo en esta red social.

Necesitamos ciudadanos que comprendan la importancia que tiene comprender este nuevo mundo al que nos estamos moviendo, necesitamos ser más conscientes, más responsables, más ciudadanos.

 

(1) Ágreda, Á. G. (2019). Mundo Orwell: Manual de supervivencia para un mundo hiperconectado. España: Ariel.

(2) Geraldine Bazán denuncia publicamente haber sido víctima de robo de identidad.

(3) Qué es SIM swapping, la técnica con la que le han robado la cuenta de Twitter a su propio fundador.

(4) La Justicia considera procedente un despido por publicar fotos de mal gusto en redes sociales. 

(5) Los hongkoneses arremeten contra Cathay por despedir a una empleada que apoyó las protestas.

 

José Manuel Nieto Campos

Criminólogo.