La seguridad ciudadana como garantía de convivencia social.

Conviene recordar que el mantenimiento del orden público en cualquier sociedad desarrollada, junto con la labor investigadora de la Policía Judicial constituyen los dos pilares esenciales sobre los que se asienta la actividad profesional de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado.

Garantizar la seguridad ciudadana, no sólo es un mandato constitucional, sino que el sentido común puede hacernos entender perfectamente que sin seguridad no es viable la libertad. Dentro de esa famosa dicotomía entre la Libertad y la Seguridad, lo más racional sería disfrutar de una libertad segura, y para ello el papel de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado es crucial. Libertad y Seguridad son derechos fundamentales, van íntimamente unidos, pero la libertad, además constituye un valor superior reconocido por nuestra Constitución.

Toda sociedad moderna que se precie debe dotarse de unos mecanismos que garanticen el orden público necesario para que los ciudadanos puedan disfrutar de sus derechos, en términos de libertad e igualdad. Los ciudadanos en su proceso de socialización, desde edad temprana, aprenden cuáles son los principales objetivos que persigue nuestro sistema educativo: vivir respetando los derechos de los demás y contribuir a crear un clima de convivencia pacífica y armoniosa entre todos los ciudadanos, en la mayoría de las ocasiones este proceso socializador es vencedor, pero siempre existirá inevitablemente «el lado oscuro» del ser humano y para atajarlo debemos contar con unas Fuerzas de Seguridad profesionales, bien instruidas, debidamente pertrechadas, socialmente reconocidas, adecuadamente retribuidas, siempre a disposición de los ciudadanos que requieran de su servicio.

Tras los recientes acontecimientos del pasado 1 de octubre de 2.017, se ha puesto en valor la labor policial, concretamente la dedicada a la prevención, mantenimiento, y en su caso, restablecimiento del orden público y de la seguridad ciudadana, por primera vez en muchos años la Nación ha reconocido el decisivo papel desempeñado por nuestras Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado y su contribución al mantenimiento de la paz social y a la unidad de España. Aquellos días se vivieron jornadas especialmente complejas, en las que los españoles estaban pegados a la televisión con el aliento claramente contenido.

Hace poco alguien me preguntaba, pero, ¿para qué sirven realmente nuestras Fuerzas y Cuerpos de Seguridad? Pues seguramente es cierto que nadie se acuerda de ellas -contesté- con su labor callada y silenciosa, o nadie las valora lo suficientemente hasta que realmente nos hagan falta, ese día todos nos acordaremos de ellas, siendo conscientes del enorme y relevante rol que los profesionales de la Seguridad Pública, en general, prestan, en aras de garantizar la convivencia ordenada en el seno de la sociedad española. Pero las plantas, para que crezcan hay que regarlas, sin escatimar recursos, y para poder gestionar correctamente esos recursos, muchas veces escasos, los mandos policiales han recibido un riguroso proceso formativo.

Es un privilegio disponer de personal altamente cualificado, preparado para acometer exitosamente sus deberes profesionales y transmitir serenidad a los ciudadanos asegurando con su labor preventiva y proactiva el libre ejercicio de derechos y libertades y, de paso, la garantía de una seguridad ciudadana absolutamente necesaria para poder llevar a nuestros hijos al colegio, para salir a tomar una copa con los amigos o para disfrutar de una buena película en el cine, sin seguridad la libertad no está garantizada, se correría el riesgo de que se convirtiera en una suerte de libertinaje, donde las más elementales reglas del Estado de Derecho podrían correr el riesgo de no ser respetadas.

En un Estado de Derecho como el nuestro, no sólo los ciudadanos, sino los poderes públicos, todos estamos sometidos al imperio de la Ley, empezando por los integrantes de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado que deben obrar de acuerdo con unos principios básicos de actuación y cumplir su misión constitucional con espíritu de equipo, afán de superación, dedicación, servicio, dignidad, entrega y lealtad, sin esperar nada a cambio, puesto que se trata del cumplimiento del deber, un deber impuesto por Ley.

Históricamente la Policía ha sido una de las instituciones más valoradas por los ciudadanos y en estos tiempos que corren nuevamente se ha vuelto a reconocer la importancia del trabajo policial, un trabajo con una triple dimensión, preventiva, asistencial y contingente. Desde el punto de vista preventivo, la simple presencia policial uniformada contribuye directamente a lograr la percepción de un sentimiento de seguridad subjetiva, es verdad que a mayor presencia policial, mayor reducción de la delincuencia, pero no bajo el riesgo de crear un Estado policial donde se limiten exageradamente los derechos de los ciudadanos y se resquebraje el concepto de la libertad que los españoles de las últimas décadas hemos recibido de nuestros padres y abuelos, a través de nuestra Constitución.

Desde el punto de vista asistencial, la Policía destaca con sus continuos auxilios humanitarios, algunos tremendamente mediáticos y otros llamativamente silenciosos, pero no por ello, menos importantes.

Y, en cuanto a la labor contingente o mal llamada represiva de la Policía, el recurso extraordinario y excepcional al uso de la fuerza, cuando han fracasado otros mecanismos previos de solución de conflictos, debe adaptarse a los principios de idoneidad, necesidad y proporcionalidad. El uso de la fuerza debe ser sólo para casos extremos en que la vida e integridad física de las personas corra peligro, por ello los Policías deben actuar con suma «mano izquierda», con sentido común y empatía, y la «mano derecha» debe estar preparada por si acaso, como «ultima ratio», de modo que cuando la fuerza de la razón no se imponga, desgraciadamente la razón de la fuerza tomará la palabra, eso sí, de la manera menos lesiva, con los medios más practicables, sin extralimitaciones, de manera justa, adecuada y proporcionada, a fin de solventar una situación de verdadero peligro, nunca creando un mal mayor que el que verdaderamente se pretende evitar.

El modelo policial español ha ido adaptándose a los cambios que ha experimentado nuestra sociedad en las últimas décadas, especialmente desde la promulgación de nuestra Constitución, al margen de vaivenes políticos, los Policías se someten siempre al poder soberano, elegido a través de las urnas o por medio de otros mecanismos constitucionalmente previstos. La Policía no entiende de ideologías, su deber es cumplir, de manera objetiva, las órdenes recibidas, sean o no de su  gusto, con el objetivo de alcanzar los resultados esperados, son servidores públicos que se deben a los ciudadanos que son los destinatarios finales de su labor policial.

No olvidemos tampoco el relevante papel de la mujer en la actividad policial. La presencia femenina en la Policía del Siglo XXI y su integración en ella, hoy no es noticia, sino un signo de absoluta normalidad, siendo cada vez mayor la presencia de la mujer en las escalas de mando y habitual en los dispositivos de Seguridad Ciudadana.  

España es hoy uno de los países más seguros del mundo, y las cosas no suceden por casualidad, sino porque existen personas con una fuerte vocación de servicio y gran capacidad de sacrificio, que además se han formado en uno de los mejores Centros de Formación,  referente a nivel europeo e incluso mundial, como es la Escuela Nacional de Policía de Ávila.

No hay que caer en la complacencia, los Policías deben seguir formándose de manera continua y permanente, tal y como establece la Ley, para adaptarse a los cambios sociales, a las nuevas formas delictivas, a la sofisticación de la delincuencia, al crimen organizado y al terrorismo de cuño internacional. Con vocación e interés, las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado están perfectamente preparadas para acometer las amenazas del siglo XXI, analizando en profundidad los riesgos existentes, elaborando continuamente planes operativos y dispositivos de seguridad con ocasión de grandes eventos o de simple respuesta a demandas sociales, a través de asociaciones representativas de intereses ciudadanos.

Sin lugar a dudas la Seguridad Ciudadana que prestan nuestras Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado supone una notable contribución al mantenimiento del orden público, al garantizar la tranquilidad y paz públicas, elementales para que los ciudadanos desarrollen sus vidas en términos de libertad.

 

José Antonio Romacho